
Es inevitable. Te guste más o te guste menos la navidad, siempre pones cara de “be happy”, al menos cinco o seis veces y lo de la felicitación, te sale de la boca casi sin pensarlo. Porque si lo pienso, con lo devota que soy de estas fiestas, es como para no decir ni “mu”.
Mira que a lo largo del año hay ocasiones para tropezarse con la realidad que a uno le toca vivir , pero como en estas fechas, ninguna. Y no es que me sienta tan desafortunada, pues a pesar de que tengo claro que hagas lo que hagas, como no estés en un grupo bien definido, da igual en el ámbito que sea, trabajo, vecindad, familia, eso que dicen de que el tiempo pone a cada uno en su sitio, es totalmente falso, pues dan igual la integridad y la objetividad, aquel que está fuera no tiene ninguna oportunidad, bien porque ya se encargan en el grupo los miembros antiguos ante los nuevos de distorsionar versiones, bien porque la propia actitud del solitario, con el tiempo, se hace cuanto menos extraña y, seguro que poco divertida, o bien porque cuando perteneces a un grupo te vuelves un poco ciego y sordo emocionalmente, también tengo claro que disfruto de otras muchas experiencias como para no quejarme y que no puedo decir, de forma tajante, que nunca me haya comportado como miembro de un grupo y que alguna vez no haya visto situaciones injustas que haya ignorado por conveniencia o miedo a no estar entre los “chachis”, aunque mucho me temo que lo habré hecho pocas veces, y, que es precisamente mi actitud de abogado del diablo, lo que me ha llevado al punto dónde me encuentro. Es que una no puede dejar de pensar que tanto mensajito de felicidad, de caridad, de amor al prójimo, de comidas multitudinarias familiares o de empresa, de regalos y más regalos derrochando lo que se tiene y lo que no se tiene, son sólo mentiras, acciones hipócritas, y que precisamente aquellos que con más fervor las practican, son los que más puñaladas por la espalda reparten durante el resto del año. Y claro, siempre habrá excepciones, no vaya a darse todo el mundo por aludido, porque en algún sitio, habrá gente de buen corazón que no tiene por norma “jeringar” a nadie, al menos de forma premeditada o consciente, que tiene todo el derecho del mundo a celebrar unas Navidades por todo lo alto (quizás derecho no es la palabra apropiada, derecho lo tiene cualquiera). De hecho, algún nombre se me ocurre, pero mejor no pongo ninguno, porque entonces, por descarte, eso significaría que el no mencionado no está muy bien considerado en mi escala de valores, y no está el horno para bollos…ni roscones.
Si has llegado hasta aquí después del rollo que he metido, te pido disculpas por si hay faltas de expresión, sobre todo con las comas, que fue lo que en una ocasión en que presentaba algo para mí importante, oí que criticaban; por lo visto, no las utilizo correctamente.
¡Ah! Y ¡FELIZ NAVIDAD!
Mira que a lo largo del año hay ocasiones para tropezarse con la realidad que a uno le toca vivir , pero como en estas fechas, ninguna. Y no es que me sienta tan desafortunada, pues a pesar de que tengo claro que hagas lo que hagas, como no estés en un grupo bien definido, da igual en el ámbito que sea, trabajo, vecindad, familia, eso que dicen de que el tiempo pone a cada uno en su sitio, es totalmente falso, pues dan igual la integridad y la objetividad, aquel que está fuera no tiene ninguna oportunidad, bien porque ya se encargan en el grupo los miembros antiguos ante los nuevos de distorsionar versiones, bien porque la propia actitud del solitario, con el tiempo, se hace cuanto menos extraña y, seguro que poco divertida, o bien porque cuando perteneces a un grupo te vuelves un poco ciego y sordo emocionalmente, también tengo claro que disfruto de otras muchas experiencias como para no quejarme y que no puedo decir, de forma tajante, que nunca me haya comportado como miembro de un grupo y que alguna vez no haya visto situaciones injustas que haya ignorado por conveniencia o miedo a no estar entre los “chachis”, aunque mucho me temo que lo habré hecho pocas veces, y, que es precisamente mi actitud de abogado del diablo, lo que me ha llevado al punto dónde me encuentro. Es que una no puede dejar de pensar que tanto mensajito de felicidad, de caridad, de amor al prójimo, de comidas multitudinarias familiares o de empresa, de regalos y más regalos derrochando lo que se tiene y lo que no se tiene, son sólo mentiras, acciones hipócritas, y que precisamente aquellos que con más fervor las practican, son los que más puñaladas por la espalda reparten durante el resto del año. Y claro, siempre habrá excepciones, no vaya a darse todo el mundo por aludido, porque en algún sitio, habrá gente de buen corazón que no tiene por norma “jeringar” a nadie, al menos de forma premeditada o consciente, que tiene todo el derecho del mundo a celebrar unas Navidades por todo lo alto (quizás derecho no es la palabra apropiada, derecho lo tiene cualquiera). De hecho, algún nombre se me ocurre, pero mejor no pongo ninguno, porque entonces, por descarte, eso significaría que el no mencionado no está muy bien considerado en mi escala de valores, y no está el horno para bollos…ni roscones.
Si has llegado hasta aquí después del rollo que he metido, te pido disculpas por si hay faltas de expresión, sobre todo con las comas, que fue lo que en una ocasión en que presentaba algo para mí importante, oí que criticaban; por lo visto, no las utilizo correctamente.
¡Ah! Y ¡FELIZ NAVIDAD!
1 comentarios:
Desde mi cocina, te mando un gran abrazo y te deseo un año 2008 lleno de FELICIDAD Y AMOR ( así en mayúsculas)
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